jueves, 2 de octubre de 2008

Cohabitan

Con amor, para Tanya



Desperté desnudo en un cuarto sin ventanas aparentemente iluminado desde los muros, mi cuerpo no generaba sombra y no sentía molestia alguna. Abrí la única puerta y frente a mí se trazó un pasillo que retaba a la perspectiva con puertas idénticas a la primera dispuestas de un solo lado; si a la izquierda o la derecha no lo sé pues, cuando voltee, el cuarto ya no estaba y solo la continuación del pasillo cansaba la mirada. En un intento por conciliar mi cordura después de largo tiempo abriendo y cerrando puertas al azar dando únicamente con más pasillos y puertas, dejé una puerta abierta para tener referencia de un comienzo, paulatinamente -mi lógica actuaba- ha de haber un fin. Si dejaba una puerta abierta, las demás se abrían al mismo tiempo como jaladas desde el otro lado por una mano que no alcancé a atrapar por más que intentaba. Lo único que me ayuda en situaciones de mucha tensión era el cigarrillo. Al abrir la siguiente puerta encontré una caja dorada con cigarros de mi marca preferida dentro. Al sacar uno, éste empezó a humear y yo a inhalar su veneno. La caja se fue, el cigarro no se consumía y podía fumar a placer, el sueño de un vicioso. Empezaba a entender las reglas del juego, así que pensé en una botella de vino. Ahí estaba. El mismo efecto que el cigarro. No podría decir que aparecía de la nada, era más como si se ubicara en un punto ciego de la mirada y, cuando volteaba, ahí estaba. Imaginé a mi familia, pero nada pasaba. Lo mismo sucedió con mis amigos, conocidos, gente que recordaba de alguna manera en alguna parte pero nadie nunca se mostró. Paulatinamente me fui haciendo de objetos que siempre quise; relojes de oro, alhajas, trajes finos. Todo lo que pudiera llevar encima. Jamás aparecía una casa o un auto. Lo mismo que con la gente, supuse que solo aquello con lo que pudiera cargar me era concedido. Dejé de tratar de contar el tiempo, aquí nunca es de noche. Todo está eternamente iluminado. No hay ruidos ajenos a mi voz, así que también dejé de hablar. Después traté de recordar como había llegado ahí. Pero era como si esa información me hubiese sido borrada. Abrí la siguiente puerta, si aplica la expresión, y di un salto de terror. Era la puerta de mi recámara y yo estaba dentro de ella. Fue tanto el espanto que cerré de inmediato, pero me hice de valor suficiente para abrir de nuevo. Ahí seguía, plácidamente atrapado por Morfeo. Claramente era de noche, me acerqué lo suficiente como para corroborar que ahí estaba, era yo, estaba dormido y además me veía muy tranquilo. No supe que hacer, no lo quise, es decir, no me quise despertar y decidí permanecer junto a el, o sea, a mí, hasta que se levantara. Pasaría el tiempo intentando calmarme y explicando lo sucedido a mi otro yo. Pero antes cerraría la puerta para evitar que toda esa luz lo despertara, digo, podría levantarme de malas. Con cautela empujé la puerta y al cerrar desperté en mi recámara. Todo era normal, los sonidos de la calle a la que da mi ventana, el ruido que hace mi hermana al levantarse cada mañana. Me tomé el pulso y, aunque agitado, todo parecía dentro de lo normal. Lo inquietante es que, si se trató de un sueño, podía recordar todo a detalle; la marca del cigarro, del vino, del reloj, de todo. Se me hace tarde para ir al colegio. Aún no daba crédito a lo sucedido y pensé que lo mejor sería sacármelo de la cabeza. Encontré a Felipe en la esquina y abordamos el autobús, justo antes de contarle mi sueño escuché un ruido estridente y un fuerte golpe nubló todo.

Desperté desnudo en un cuarto sin ventanas aparentemente iluminado desde los muros.

12 comentarios:

  1. exelente! me gusto mucho me meti en el relato, imagine la situacion...

    mi favorito hasta ahora n_n
    g.

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  2. Hermano!!! que buen relato, muy bueno de verdad ya son dos favoritos por eso me enorgullece decir que ¡soy tu hermana! te quiero

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  3. eso se llama viaje astral... seguro me asustaria si pasara y correria al lecho para volver a dormir

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  4. Wow!!
    Digo... gracias por la dedicatoria, me alegra saber que te puedo inspirar a escribir algo tan bueno como eso... me encanto baby... T.A

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  5. Escribes pocamadre, tu forma de redactar me hace entrar en la narración, querer leer más, te felicito, está padrísimo...

    Presente!!

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  6. ¿Qué tan sexy?
    Ja! Disfruté mucho este relato, gracias.
    Nos seguimos leyendo. Que tengas un buen fin de semana

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  7. Me gustó! El cuento, porque les tengo miedo a los sueños. Más desde que leí que Borges manejaba la posibilidad que, debido a su significado en latín o alemán, pudiera ser que entráramos en contacto con el infierno mientras dormimos.

    Y lo leí antes de acostarme!!

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  8. Baby... de nuevo escribote por este cuento... pues me gusto cuando me lo diste, cuando lo lei y ahora que con el, en clase me fue muy bien... pues lo amo mas!
    casi tanto como a ti...

    MUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUA BABY!!!!

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  9. Algun dia me dejara de gustar??
    NOOOOOOOOOOOOO!!!

    Gracias baby

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