viernes, 2 de enero de 2015

Libros del 2014

Seré más disciplinado en todo lo que hago. El año pasado recuperé una actividad que, desde mis días de recién graduado, estaba abandonada: leer mucho.
No sólo leer. Eso lo hacemos todo el tiempo. En algún momento traté de explicar a mis amigos que, si sumamos el total de palabras leídas durante el día (repartidas entre anuncios espectaculares, publicaciones en facebook, noticias en periódicos, revistas o páginas web) al final de la semana habríamos terminado un libro de 300 páginas -el promedio del grueso de novelas contemporáneas-
Nuestro estilo de vida nos aleja de los objetivos y estamos siempre distraidos.
Así, pues, leer mucho. Quizá lo forcé con el absurdo propósito (pues todo propósito de año nuevo ha de ser absurdo) de terminar un libro cada semana. ¿Cincuenta y dos libros en un año? Parecía una empresa fácil. Máxime cuando tenía presente la tesis con que sermoneaba a mis amistades cada que se quejaban de no tener tiempo de leer.
Irónicamente, ése fue mi pretexto al final.
Quise hacer mucho durante el año, ¿y quién no?
En retrospectiva, creo que sí lo hice. Corrí una carrera de 5 km por vez primera. Cosa que requirió entrenamiento y me impulsó a buscar otros eventos hasta que una absurda lesión en la rodilla me apaciguara el tremendo bicho de "querer correr".
Durante el primer trimestre del año llegó la asombrosa y feliz noticia de que sería padre por segunda vez. Situación que provocó que modificara cantidad de comportamientos a riesgo de perder algunas amistades por el desgaste que dejar de frecuentarlos provoca. Por suerte hay Internet y supe de todos ellos desde una prudente distancia. Los buenos amigos siguen ahí, no solo a la espera de volverme a ver, sino felices por que mi familia crece y entienden que esto me hace inmensamente feliz.
Estas condiciones absorbieron tiempo que tuve que tomar de aquél que había destinado a la lectura masiva.

Haré un rápido recuento de los libros que pude terminar:

Balas en los ojos y El siglo de las mujeres: Novelas 1 y 2 del autor Gabriel Rodríguez Liceaga. Un escritor contemporáneo que ha sabido ganarse lectores a través de la interacción por Internet. Digamos que ya era un escritor conocido antes de que sacara su primera colección de cuentos. Para mí, un modelo a seguir.
El primer libro es "el ejercicio inicial del escritor". Donde se ponen a pruebas los alcances y se pulen las habilidades de narrador. Imposible para mí no compararlo con "Un hilito de sangre" de Eusebio Ruvalcaba, su mentor. Además de "El guardián en el centeno" de Sallinger y "En busca de Alaska", de John Green. Buen libro como ejercicio de apertura, aunque al autor le fastidie (Cuando le pregunté, me dijo que esa novela la escribió en la peda y la revisó en la cruda). Carece del enamoramiento hacia la ópera prima. El segundo libro le representa un crecimiento notorio. La prosa es elaborada aunque me parece que, más que defender el género femenino de este despiadado mundo de las letras donde las mujeres casi no se ven, se escuda en él y no lo pone en el lugar que busca como sí hiciera Carl Sagan en "Contacto", por ejemplo. Pero estoy comparándolo injustamente con uno de mis autores favoritos.

Mientras escribo de Stephen King. De inmediato lo convertí en uno de mis libros básicos. Tal vez de los mejores que leí en el año. El autor hace un recuento de sus días dejando migas de pan para el escritor en ciernes. El crecimiento viene de la mano de la persistencia. Eso es King, un narrador persistente.

Vittorio de Anne Rice. Cuando empecé a leerlo, creí que no pararía con las novelas de Rice por un tiempo. Sin embargo, no me atrapó como esperaba. La acción es buena: en los tiempos de bonanza de la casa Medici, los duelos eran a espadazos y de frente. Ahí aparece Vittorio, único sobreviviente de un crudo ataque al castillo de su familia y su incansable búsqueda de venganza contra aquella súper erótica vampiresa que me ha devuelto la fe en las pelirrojas.

Los olvidados de Jesús Guerrero. Lo leí por dos razones, compararlo con la película de Buñuel (la familia Guerrero mantiene litigio hasta la fecha por el pago de regalías argumentando que el español se basó en la novela del ex profesor del IPN) y me debía una novela de Jorge Ibargüengoitia donde se relata un México pobre y sin esperanza de mejora. Ésta entró al quite.

El evangelio según Jesucristo y Caín de José Saramago. Si tan solo la primera hubiera sido un viaje fantasioso y divertido como lo es la segunda, habría disfrutado ambas novelas. Pero quedó un sinsabor al dejarme llevar por las recomendaciones del autor sobre cómo no tomarse tan en serio al divino hijo del creador (la desmitificación de las deidades siempre se agradece) que tuve que lavar con Caín. Divertidísimo viaje en el tiempo de la primera creación del padre de Cristo que lo hace una especie de "Time cop".

Jornadas desde la Tierra de Hermann Hesse. Mi autor favorito de toda la vida merece que lo lea al menos una vez al año. Un cuento largo o novela breve, no sé cómo catalogarla. Trata de un misterioso grupo de hombres misteriosos que se dedican a revelar misterios enterrados en tierras aún más misteriosas. Es ideal para un viaje en camión de una hora.

Farenheit 451 de Ray Bradbury. Ni la portada ni el título me animaban a leerlo. Pero algo había en el nombre del autor. Algo me sonaba. Yo, que me creía un fanático de la ciencia ficción, nunca había leído nada de Ray hasta ahora -aunque sí lo tenía considerado como uno de los indispensables del género- Esta novela es el porqué: trata de un escuadrón de bomberos que van de aquí a allá quemando todos los libros que se encuentren, pues esto se ubica en el futuro y, aparentemente, los libros son un enemigo peligroso. Creo que la película "Equilibrium" (Kurt Wimmer, 2002) le debe mucho a esta obra.

El exilio rojo de varios autores alemanes radicados en México. Este libro lo regalaban si atendías una plática de Paco Ignacio Taibo II. Muestra la forma en que los extranjeros nos miran con sus ojos de primer mundo pero sin criticar, sino en son de echar la mano. Me recordó a "Vecinos distantes" de Alan Riding.

El argumento de la espada de Eusebio Ruvalcaba. Un libro que me encontré en una bodega y salvé del basurero que le destinaba. Siempre rescaten libros. Siempre. Me lo llevé feliz a casa sólo para descubrir que se trata de un poemario que ni siquiera puedo comentar pues la poesía no me gusta. Soy muy rudimentario para dejarme consentir por las letras en pos de la belleza. Lo leí más como deuda por haberlo hallado aunque no permanece verso alguno en mi mente.

Watchmen, Before Watchmen, Marvels, V for Vendetta, The Sandman de Alan Moore, Kurt Busiek y Neil Gaiman. No las considero literatura basura. Estas novelas gráficas sostienen argumentos sorprendentes. Moore es una garantía (Watchmen, V for Vendetta) las tramas son imposibles de abandonar. Mención aparte merece que en cada novela hay novelas dentro que dan soporte a la fantasía. Kurt Busiek (Marvels) fue un grato descubrimiento (lo seguí un tiempo en twitter, pero se pone borracho muy seguido y se le sale lo misógino. Así que sólo lo leeré en cómics) y Neil Gaiman (The Sandman), según dicen, es un escritor superior a Stephen King. Tendré que leer mucho sobre él para que pueda acercarme a una opinión tan aventurada.

El Psicoanalista de John Katzenbach. Primer libro que leo de este autor y creo que pasará un tiempo antes de que me anime con el segundo (que, igual que éste, me lo prestó mi hermana) que me mira paciente desde el librero. El problema con estas novelas policiacas es que parece seguir un machote de "cómo escribir una novela". Este libro va en tres partes, siendo la primera (Inducción) la más extensa y aburrida. Varias veces pensé en abandonar, pero me obligué a continuar. La segunda parte (Nudo) es harto más entretenida. Si tan solo hubiera iniciado así el argumento y después explicado los detalles al estilo de Arthur Conan Doyle, sería una obra sobresaliente. La tercera parte (desenlace) simplemente ata los cabos sueltos. Una obra sencilla que en repetidas ocasiones me hizo voltear al estante a buscar otra historia.

Inferno de Dan Brown. Me debía terminar la trilogía del profesor Langdon. El autor es un maestro del género policiaco y un aventurado del suspenso. A veces sus resoluciones son absurdas pero lo rescata una trama inteligente, fresca y actual. Aquel viaje iniciado con El código Davinci y continuado con Ángeles y Demonios, halla aquí una buena conclusión. Dan Brown debería dejar en paz a Langdon y dedicarse a hacer otras narrativas paranoicas como el par de libros que miro en este momento aguardando su turno (La conspiración y La fortaleza digital)

La isla misteriosa de Julio Verne. De calle, el mejor libro del año. El autor que me ha volado la cabeza con De la Tierra a la Luna, Viaje al centro de la Tierra o Veinte mil leguas de viaje submarino, me deja perplejo con la capacidad de imaginar cómo se las arreglan una quinteta de exconvictos que naufragan en una isla del Pacífico durante los tiempos de la guerra de secesión. Tenemos al científico, su criado, su perro, su compañero novelista, al marino y al aventurero que, con sus distintas capacidades hacen de una isla desierta un sitio al que poco le faltó para terminar con tendido eléctrico y ferrocarril. Impresionante el modo en que se aborda cada problema y se resuelve de manera metainteligente. El miesterio siempre presente de si están solos o no en esa isla y el argumento final que debería ser piedra de toque para todos los escritores que no saben concluir tramas extensas. Una joya.


Tokio Blues (Norwegian Wood) de Haruki Murakami. El autor logró el cometido de darme ánimos para leer más de él. Es una buena introducción al excandidato a Nobel de literatura. Aunque se asoma, desde esta novela, el por qué nunca lo recibirá: En muchas ocasiones se distrae el hilo de la trama hacia la poesía que se percibe forzada en momentos que no cuadran con la tristeza o alegría reflejada en el instante narrado. Otra cosa que me deja un sinsabor aquí es que se hacen referencias a otras obras literarias (Ulysses, El Gran Gatsby) y, encima, se menciona que una novela debe pasar la prueba del tiempo al leerse sólo si han pasado treinta años desde la muerte de su autor. Si esto no lo autodescalifica, no sé qué pueda. Tal vez le den el Nobel póstumo, allá por el año 2050.

Exiliados de James Joyce. Se trata de una obra de teatro irlandesa de un autor súper irlandés. Es como leer a Oscar Wilde pero macho. Tal vez no la mejor opción para conocerlo. Dicen que Ulysses debe leerse en inglés por que él detestó que se tradujera. Mira qué delicadito. Tal vez no es tan macho después de todo.

Notas de un francotirador de Emmanuel Carballo. Se trata simplemente de un compendio de autores mexicanos y de cómo abordarlos literalmente. Abarca desde los escritores en tiempos de la Revolución hasta principios de la década de los ochenta. Existe una segunda parte que no he podido conseguir. Es buen libro de referencias.

Hecho en México de Lolita Bosch. Otro compendio, éste, de cuentos de los autores favoritos de una alemana que vive en nuestro país. Lo curioso es que no todos son escritores formales: hay un cuento por ahí de Roco, del grupo La Maldita Vecindad. Variadito y sabroso.

Guerra Mundial Z de Max Brooks. El segundo mejor libro del año para mi. En el año 2013 escuché el audiolibro en inglés. Convirtiéndolo en mi audiolibro favorito. Poco después salió la película con Brad Pitt, pero el audiolibro me resultó tan gratificante que me obligué a no ver la película. Cualquiera que conozca el libro coincidirá que es imposible resumirlo en un par de horas. El resultado fue un desastre que sólo demeritó la novela de Brooks. Este año me hice de una copia en español y lo devoré en un santiamén. Debo decir que el audiolibro en inglés sigue siendo mi preferido. Un excelente viaje a través de los ojos de una treintena de testigos del apocalipsis zombie al rededor del mundo.

Amistad de Juventud de Alice Munro. ¿Esta es la flamante ganadora del Nobel en 2013? Una canadiense de la que sólo se conocen colecciones de cuentos. Recuerdo que puso en seria duda la capacidad del jurado para decidir quién es merecedor del máximo galardón mundial. Después de leer éste, coincido con el sector que cuestiona. Puedo mencionar una veintena de autores que superan con una mano en la espalda a Munro en la construcción de historias cortas. No me parece una autora probada y dudo que soporte el peso de los años.

Un total de veinticinco libros no es ni la mitad de lo que me propuse leer al iniciar el año. Debo apuntar que habré dejado inconclusos una decena más. No por que fueran aburridos, sino por que alguno de los listados arriba tomó su lugar. En retrospectiva, algunos de ellos fueron malas decisiones.
Así se me fue el año en letras.

El 2015 lo inicio leyendo cuatro novelas simultaneas: Gone Girl de Gillian Flynn (en inglés), La mujer del novelista de Eloy Uroz, Doctor sueño y Eso (It), ambos de Stephen King.