sábado, 1 de noviembre de 2014

Best Seller

No tengo problemas con los Best Sellers. A botepronto, diría que se tratan de lecturas fáciles con poca o nula aportación a un crecimiento intelectual. Cosa harto pomposa: todo conocimiento aporta el incremento de sabiduría y, de cada quién dependerá, si ello nos hace o no conscientes de futuras decisiones. Inteligencia, si quieren.
No sé de dónde viene el término Best Seller. Literalmente se traduce como mejor vendedor. Con eso es fácil deducir dos cosas: Primero, que son productos con un desplazamiento bárbaro en el mercado; cuyo afán es, precisamente, la búsqueda de ganancia económica en un corto periodo de tiempo. Fenómeno provocado que derivará en un libro reeditado tantas veces como sea rentable para las grandes casas editoriales. Segundo; al tratarse de lecturas de gran alcance y, considerando las infinitas variantes poblacionales: educación previa, comprensión lectora, gustos y expectativas. Muy necesario es que el contenido ofrecido sea, lo menos, genérico. No es de extrañar que la mayoría de los productos en las mesas de novedades de cualquier tienda departamental (ya no digamos de librerías), estén dirigidos a un segmento demográfico que comprenda los años previos a la madurez. Cuando los gustos están mejor definidos y hurgan contenidos cada vez más complejos.
Así, pues, digamos pompósamente que los Best Sellers son lecturas de poca complejidad y con lenguaje universal.
Insisto. Nada tengo en su contra. Incluso los hallo entretenidos.

En lo personal, encuentro difícil establecer conversaciones con amigos que no han crecido con las lecturas que yo tengo como preferidas. Por su puesto, aplica a la inversa: en no pocas ocasiones he sentido cómo sube la sangre al rostro por la vergüenza cuando no tengo aportaciones para libros de los cuales sólo conozco el autor. Cosa que no sería tanto problema si mi interlocutor se limitara a preguntarme qué he leído sobre cuál autor en específico. Trataré de explicarme:
Hace poco, en un cantabar donde pocos cantaban, coincidí con un buen amigo. La plática se desvió de alguna forma hacia Hemingway. En este punto,erré al indicra cuáles obras me han resultado más gratas y no decir "¡ah, Ernest es un genio! Todo de él me gusta", como ocurrió. Acto seguido, mi contra espetó una frase que -ahora sé- es una muy célebre de "Las nieves del Kilimanjaro" e hizo una pausa en espera de que yo la terminara. La vergüenza se manifestó en un tímido "...ése no lo he leído", pronunciado a tan bajo volumen que no se oyó en aquél cantabar a pesar de que nadie cantaba.

Espero que sea un escenario común y que muchos de ustedes se hayan visto en una penosa situación sin saber qué decir. Hasta ahora que escribo lo acontecido, el suceso quedó entre mi amigo y yo. Él fue muy maduro para echármelo en cara y, por el contrario, me animó a leer una novela más del autor estadounidense.
Pero no todos son así.
En otra ocasión, me vi exhibido frente a familiares, amigos (¡y hasta mi novia!) cuando, el día siguiente a mi graduación, no supe cómo contestar una serie de preguntas sobre autores de teoría económica y otros relacionados  a mi carrera: Me limité a decir que, durante la Universidad, mi predilección orbitaba lecturas clásicas y, de manera absurda, quise contraatacar citando a Kafka. Una catástrofe.

Volviendo a los best sellers, trataré sobre las bondades de uno que leí en días recientes: "Inferno", de Dan Brown.
La forma en que los libros llegan a mí, rara vez lo hacen a través de transacciones en tiendas departamentales o librerías. La mayoría de las veces, me verán esculcando mesas de libros usados donde el regateo es ley o hurtando novelas de la biblioteca en casa de mi madre. Tengo debilidad al intercambio cultural y, en este caso, es con mi cuñado con quien más hago trueque.
Lo bonito de un libro como éste, es que es su lenguaje universal hace ameno el viaje a través de tres ciudades llenas de historias escondidas. Siendo sinceros, el día que viaje a Florencia, Venecia y Estambul, prefiero como guía turístico a un estudiante de universidad que hable a un nivel para mi comprensible y no a un doctor en cultura y lenguas muertas a quien no le pueda seguir la plática.
Siendo aún más sincero, espero que me alcance vida para visitar Italia y Turquía.

Un best seller muchas veces lleva a otro y éste fue mi caso.
Lo curioso esta ocasión, es que Inferno me animó a tomar de la librería El psicoanalista. Un libro que prácticamente me dejaron a drede en espera de que algún día le hiciera caso. Digo que fue curioso por que, en la novela policiaca de John Katzenbach, también se hace referencia a la obra de Dante Alighieri. Así que van dos de dos novelas que hablan de la Divina Comedia.
¿Esto hace al épico poema del florentino un best seller?
Yo digo que sí.

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