martes, 24 de febrero de 2009

Ojos de muerte

En la azotea de un edificio cualquiera de una ciudad cualquiera. Una persona se acerca a la cornisa midiendo los pasos. Se le nota un pesado caminar, como si mil decepciones hubieran rematado su ser una y otra vez. Tiene en la mano un reloj y una hoja de papel. El reloj es lo único que le hacía sentir que en algún momento de su vida tuvo el control de algo. Hasta que se descubrió esclavo de sus lineamientos. La hoja de papel lleva lo último que tendrá que decirle al mundo que nunca le hizo sentir bienvenido.



Nosotros no estamos presentes, pero podemos verlo en la última decisión de vida; a su lado nos asombrarían todas las cosas que tienen importancia para aquél que ha perdido por completo. Me refiero a los detalles que escapan a la comprensión; el tipo está perfectamente afeitado y peinado; viste traje impecable, como director de alguna revista; mancuernillas y pisa corbatas de plata. La multitud allá abajo grita palabras que el viento -confabulado con la tragedia- pierde para que él no las reciba. Si no escucha advertencia alguna tampoco esperará que la gente arremolinada aprecie los artilugios de su vestimenta.



Otros pormenores están en el rostro; del que dicen que presenta las ventanas del alma más bien parece arrastrar dos nubladas cuentas de vidrio, como cuando éste no es bien quemado. Pero solo parecen nubladas por fuera, si logramos meternos en su cabeza veríamos lo que él; donde el abandono de la luz propia le ha bloqueado la memoria de todo lo bello y placentero que le rescataría del mortal sopor. Cuando el bloqueo ocurre, una única ventana se abre y podemos ver entonces con los ojos de muerte. Nos volvemos sensiblemente minuciosos; en la multitud hay cantidad de personas desinteresadas por la vida del sujeto; la mayoría solo está por el morbo, ninguno se molestará en ver la nota escrita en la hoja empuñada. Con los ojos que ven a través de esta ventana puede dilucidar lo ridículo que sería alargar la espera. Ve -no sabe, sino ve- lo que cada uno de ellos piensa y, muy en el fondo, en todos y cada uno se repite la palabra: salta.



La gente cree que se puede morir rápido sin saber que la ventana es eterna y nos lleva al nuevo plano de permanencia. Creen incluso qué es lo que hay más allá.



La nota nunca fue leída. El espectáculo era como para no perderse por un detalle como ese. El tipo de aspecto impecable, quieto con la cara al piso, contradecía por completo la idea del movimiento constante que observamos en esas personas apuradas hablando por teléfono en las calles de edificios corporativos. Los ojos de muerte son compartidos y allá, en el edificio de enfrente, ya se asoma un segundo y un tercero con trajes impecables y artilugios vistosos en la vestimenta.

4 comentarios:

  1. you are right es muy bueno pero no pueddo decir que me gusto y no por que fuera malo sino por que el tema del suicidio es un tema que me tengo prohibido claro que el gusto por sus letras me impidio hacerlo a un lado =D so ¿cual seria mi comentario entonces?.... jajajajaja

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  2. oh! y lamento la demora by the way... mi jefe se ha vuelto mas uraño desde que estudio mas jajaja

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  3. Vaya, tantos trajeados terminan causando gran oferta, y mucha indiferencia.

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  4. Un profe nos dijo una vez que para dejar de tenerle miedo a la muerte hay que pensar en esta, agotarla hasta sus ultimas consecuencias, hacerla atroz y después no volver a pensar en ella. No estoy muy de acuerdo, creo que esta padre imaginar montón de formas en que esta puede llegar a ocurrir. Es un tema infinito, inevitablemente común y hasta puede ser divertido. Saluditos :)

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